Yo en mis piezas suelo hablar más de escenografía que de arquitectura, pero soy plenamente consciente de la relación que hay entre ambas y desde luego en todas mis obras hay una construcción escenográfica, existe una arquitectura de la escenografía, y ahora me doy cuenta que he vinculado a varios arquitectos a mis proyectos. Construyo imaginando que mi cuerpo es un elemento más en ese universo que necesito recrear. En infinidad de ocasiones parto de la pintura, la pintura religiosa, sobre todo del renacimiento; pintores como el Giotto son una fuente de inspiración, cómo relaciona los cuerpos y la arquitectura en sus cuadros, la composición, la mirada, las miradas… Las miradas me llevan a Govanni Bellini, las miradas creando círculos en el espacio. Sí, también existe una arqitectura del deseo que pasa por el cuerpo, la arquitectura del cuerpo, mi cuerpo se piensa y se construye para cada pieza, tal vez existe un circuito invisible que conecta las emociones, los deseos del espectador y los míos, pero no es premeditado, no es una fabricación de apetitos apriorística; no creo que se pueda establecer un vínculo con el “hedonismo de la cantidad” como diría José Antonio Marina a propósito del funcionamiento de la “maquinaria de la satisfacción”, maquinaria pensada para generar necesidades, no para saciar. Yo con mi trabajo quiero saciar, quiero saciarme y saciar al espectador cómplice, ser que se relaciona y coloca su dedo sobre la carne, la mía y la suya, la nuestra, incluso sobre nuestros fluidos… Quiero que crea, que comulgue conmigo, que juntos sigamos contruyendo, levantando la arquitectura de nuestros deseos más ocultos, que son necesidades del espíritu. Los objetos, las formas, el cuerpo como un elemento formal más, son un lenguaje, dan información. El primer elemento escenográfico al que me enfrento siempre es el espacio en el que presento la obra. Adapto siempre el trabajo al lugar donde se muestra. No puedo ocupar el espacio, necesito sentirlo, dialogar con él, que sea un elemento más dentro de la acción escenográfica.
Lies tries to rediscover the poetic dimensions of urban space. It proposes the idea of herror (written with h), of the mistake is inevitably sooner or later produced in the mechanism of deception. Every lye such as art, religion or language, are based on the human necessity to produce deception in order to be able to catch something irrational or immaterial. In this case the rotated manhole covers function as metaphors of this mechanism, of an artificial and always failed creation.
Muñones amarillos Hierba mojada el olor Abrazos limpios como febrero Y los estómagos Y las gargantas como lotos Inútiles postraciones para qué Perforaciones de sol en los huesos Lo blanco / Lo solo /
Si nos perdíamos pasábamos largas horas en silencio. En los orificios y grietas nos guiaba la luz. Manteníamos la calma para sobrevivir a las sacudidas de los terremotos. Muchos de ello eran silenciosos. Fuimos los primeros en cartografiar el vacío. No existía control por satélite ni soñábamos con el. Sólo muestras de agua y gusanos. Rastreábamos las profundidades en búsqueda de vida. Materia orgánica. Alimento. Dormíamos bajo tierra cubiertos por ramas antes de partir hacia lo desconocido.Toneladas de presión en nuestros corazones. Eramos abisales y bacterias. Innumerables criaturas en la oscuridad. De momento, esta era nuestra misión. Ir más allá de los indicios. Noche a noche fuiste invadiendo nuestras pesadillas. Nos despertabas cubiertos de sudor en las épocas más frías. No nos atrevimos a dibujarte sin jurar antes que estaríamos más unidos que nunca ante la adversidad. Eramos fuertes y muy débiles. Tan débiles que reventábamos de dolor la mayor parte de nuestras vidas. Tan fuertes que aprendimos a hacer fuego y matar. Eramos un puñado de pobres minusválidos. Unos jodidos cabrones en los albores del tiempo ganándose el pan. Ya no recuerdo si en aquella época existía algo parecido al amor. Recuerdo que escupíamos y labrábamos la tierra con nuestras manos sacrílegas. No se bien si los más jóvenes nos servían de alimento pero si recuerdo que los buitres eran arrojados a los acantilados para darte de comer sangre de tu sangre.
Hubo una mañana en la que una fiebre colectiva nos arrojó dudas. Eramos inmortales de espíritu. El cuerpo lo sabíamos enfermizo y putrefacto. El alma se nos apretaba nervio a nervio y temíamos no llegar a la siguiente estación, la próxima parada, el rito iniciático y funerario. Quisimos creer que crecerían palmeras. Santuarios en los que lavarse las manos sin ser devorados por ti. Pero tu crecías solemne. Eras el altar y las cofradías.Tu rostro no era rostro humano. Y al oscurecer aquella mañana las batidas de jabalí nos convencieron de no proferir amenazas ni alentar tu nombre en vano. Eramos tan solo el sueño de futuras megalópolis. De engendros y seres sin piedad. Nuestro esperma vibraba por dentro a la espera de Babel.