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HAMBRE - YAN NAZCA - POEMAS DE LA LUZ

Centro del Universo. Habitación. Una vela. Fuego. Sueño con la posibilidad de abrir un lucernario en lo alto del techo. Un hueco por el que iluminar y ventilar la estancia. Viento huracanado. Al fondo una letrina sin más luz que escombros. Punto de fuga. Parto de hembra. Rizomas. Bambú. Racimos de savia. Indago en los libros sagrados. Biblioteca de Alejandría. Reina Sofía. Por el diente afilado de algún vecino llega hasta mi cuarto ecos de Siria. Cuerpos mutilados en Alepo. Ciudad desierta. Desierto de mártires. Ciudad sitiada. Sangre vertida sobre el lecho del río. Transfusiones para cuerpos inertes. No hay piel que lo resista. Quemaduras de tercer grado. Vasos sanguíneos, nervios, linfa, pleroma.. Desfilamos una mañana de sábado antes los cadáveres humanos. A penas un silbido. Los niños juegan al vacío. Pelotas de trapo. Salvas. Un hermano, un padre, un hijo... En todo lugar Espantapájaros. Otros vienen a pasar el día. Sueñan la palabra Damasco. Duermen el inefable sueño de los justos. Tierna carne de hamburguesa. Bravura que agranda los santos cojones. 


Bruma de hambre. Tempestad y cabaña. Leña moribunda en el poblado. Almas que vagan en lo alto del monte. Aldea de moribundos. Ataviado de pelaje y horizonte el animal nos mira. Teme adentrarse en terreno acotado por murallas. Ángeles y coyotes se someten a curas intensivas de calor. Son vulnerables al ruido y la humedad. Se cubren de lluvia las catacumbas. Las vidrieras. La ermita. Hace frío en el camposanto. Agua que baja de la montaña y su rastro de líquen en nuestras manos. Santuarios de piedra en los que pervive la huella de la primera voz. Èter. Día a día la tierra. Noche violácea y palo santo. Mujeres. Nos protege de la muerte prematura el  Amor Carnal y el vino. A pesar de las calumnias caminamos. Coyotes, Lobos, Zorros. Pendejos de vida rural. Rapiña de rapiña que sigue adelante y va con lo puesto hasta el final. Por la penumbra vislumbramos el cielo y su nieve. Trazos. Rasguños en el desván de la memoria. Sol de invierno.




POEMAS DE LA LUZ - YAN NAZCA | 2013

Carcoma en el cerebro y una ceguera de espanto. Seres humanos en la diáspora. Capillas ardientes en la mirada. Tragos a medianoche para absorber la medicación. Sobrevivimos a las inundaciones. Isquemia en las extremidades y en los recodos del tiempo. Oxígeno envasado. Examenes de ciudadanía. Letras del Tesoro. Susurros en la escalera de Jacob. Suben y bajan seres abandonados. Pernocto bajo una lluvia de cadmio. Desde la cama escruto la casa. No hay ninguna entrada. No hay permisos ni salvoconductos. No hay guías de viaje. Inhalo aire fresco. Acomodo la columna vertebral. No consigo respirar. Vahídos y mareos. Suciedad interna de los órganos. Agenda para hoy. Sumario de fracturas. Cristales. Aniquilación. Eso fue todo antes del desayuno. A mediodía se quebró la lucidez. Me abastezco de café molido para resistir las maniobras del viento y la lluvia. Mañana una hora más sin luz. Día a día penumbra. Tierra solitaria. Escudos antimisiles en las azoteas. Ráfagas de pájaros en libertad. Millares de versos se pudren en las estanterías. Los grifos están secos. Las nervaduras de las hojas se inflaman de gasolina. Planto cara sin reserva a los terrores nocturnos. Una vez más los suburbios. Los dioses famélicos de la periferia. Reos y mujeres adormecidas. Perros y perras. Encarnamos la delincuencia.  Vivimos en acantilados.






Hambrientos y afilados como un rayo turbio de gas lacrimógeno. El cloroformo ayuda a sobrevivir. De aquí al otro mundo un soplo. La columna de refugiados domina la fe inquebrantable del desierto. Los niños mantienen la sonrisa fértil a pesar del flujo de cadáveres. Aquí el Sol profana las tumbas. Rezuma sentencias bíblicas. Se instala entre los pliegues de las vísceras más recónditas.  La zona de supervivencia está delimitada a pulso con premura.  Un paso al frente y los pies son agujereados por restos punzantes de cal. Rumores de lluvia son tan solo rumores. Exterminio de esperanzas. Las huellas son efímeras pero la sangre perdura incrustada en la memoria. 

El cuerpo anota cada sustancia, ada pedazo de metralla ingerida. Nos quedamos en silencio mirando algo similar al horizonte. Ese lugar llamado piélago en el que se confunden los contornos. Como si hubiera mar y el agua cristalizara en la boca. Como si esta fuera la primera mañana  y el encantamiento del mundo aún nos sobrecogiera. Varados en la ensoñación somos lemures en vigilia. La noche es una madre solícita que nos abraza y duerme. Pequeños zorros deambulan a nuestra vera sin ánimo de guerra. La calma violenta de las civilizaciones sumergidas llega hasta nosotros. Nunca más seremos apedreados. Tenemos hijos a los que alimentar. Recuento de almas. Migas, pan de oro, y tempura de alacranes.

Cuerpo al vacío. Entramos y salimos. Puertas corredizas. Hacemos cumbre en O Cebreiro. Aire eléctrico de tormenta. Sordo y ciego camino rutas secretas. Renuncio a la era del ruido. Después de muchas vidas me siento bajo un árbol. Busco asilo en la oscuridad. Arranco sierpes. Permanezco en la dicha. Lecturas a la sombra del Apocalipsis. Quanto più cerca di trovare tranquillità tanto più prova travaglio e dolore. Después de Ariosto limpio la celda. Lavo platos. Doblo ropa. Me sublevo. Escribo a pesar del claqué de la muerte. Cuerpo primitivo. Silentium. En suma. Conservo lo mínimo. La hierba es húmeda y terrestre.