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CRIME #11 - CLAUDE CHUZEL | 2014
ART BY CLAUDE CHUZEL
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ANIMAL QUE CAVA SU PROPIA TUMBA (3) YAN NAZCA - SOLEDAD
Los escaparates eran quemaduras en los ojos. El ajuste de cuentas consistía en decidir lo esencial. Un bote de alubias. No llega para el aceite. Algunos padecíamos arritmias nocturnas. Otros inventaban relatos pugilísticos. Sueño con el desierto y naves espaciales repartiendo comida desde el cielo rojizo de Chile. Vuelvo cargado con el fusil. Desfila la columna Durruti y una hermandad de locos, enfermos y hambrientos. Bastaría con 20 céntimos y tumbarme al sol. Nos envolvía la niebla arropada por el fuego del amanecer. Eramos una manada furtiva agazapada en la Gran Vía. Los cachorros dormían y el instinto del hambre nos hacía delirar. Hollywood y la metafísica de los sueños nos había inculcado el sentido de la supervivencia y no conocíamos ni el bien ni el mal.
Sol, Callao, no éramos más que una vomitona de refugiados. Había ciegos vendiendo limosnas. Basura ofrecida en dádivas por cada esquina. Comíamos juntos y a veces daba para postre. Nos calentábamos con hoguera de colillas y al fumar huíamos a otro mundo. No todo se llama Dios. También hay santos y mártires, escapularios con sida, visionarios alcohólicos y muertos de sed. La policía nos llamaba los mal paridos. Llevaban a Céline en la guantera. El cúter era nuestra ama de llaves. Los descosidos y amenazas eran frecuentes No teníamos tiempo para preguntarnos por la materia oscura del Universo. Era caldo o sopa. Língüística estructural del hambre.
HAMBRE BY YAN NAZCA
MADRID
2012
POEMAS DE LA LUZ - YAN NAZCA | 2013
Carcoma en el cerebro y una ceguera de espanto. Seres humanos en la diáspora. Capillas ardientes en la mirada. Tragos a medianoche para absorber la medicación. Sobrevivimos a las inundaciones. Isquemia en las extremidades y en los recodos del tiempo. Oxígeno envasado. Examenes de ciudadanía. Letras del Tesoro. Susurros en la escalera de Jacob. Suben y bajan seres abandonados. Pernocto bajo una lluvia de cadmio. Desde la cama escruto la casa. No hay ninguna entrada. No hay permisos ni salvoconductos. No hay guías de viaje. Inhalo aire fresco. Acomodo la columna vertebral. No consigo respirar. Vahídos y mareos. Suciedad interna de los órganos. Agenda para hoy. Sumario de fracturas. Cristales. Aniquilación. Eso fue todo antes del desayuno. A mediodía se quebró la lucidez. Me abastezco de café molido para resistir las maniobras del viento y la lluvia. Mañana una hora más sin luz. Día a día penumbra. Tierra solitaria. Escudos antimisiles en las azoteas. Ráfagas de pájaros en libertad. Millares de versos se pudren en las estanterías. Los grifos están secos. Las nervaduras de las hojas se inflaman de gasolina. Planto cara sin reserva a los terrores nocturnos. Una vez más los suburbios. Los dioses famélicos de la periferia. Reos y mujeres adormecidas. Perros y perras. Encarnamos la delincuencia. Vivimos en acantilados.
Hambrientos y afilados como un rayo turbio de gas lacrimógeno. El cloroformo ayuda a sobrevivir. De aquí al otro mundo un soplo. La columna de refugiados domina la fe inquebrantable del desierto. Los niños mantienen la sonrisa fértil a pesar del flujo de cadáveres. Aquí el Sol profana las tumbas. Rezuma sentencias bíblicas. Se instala entre los pliegues de las vísceras más recónditas. La zona de supervivencia está delimitada a pulso con premura. Un paso al frente y los pies son agujereados por restos punzantes de cal. Rumores de lluvia son tan solo rumores. Exterminio de esperanzas. Las huellas son efímeras pero la sangre perdura incrustada en la memoria.
El cuerpo anota cada sustancia, ada pedazo de metralla ingerida. Nos quedamos en silencio mirando algo similar al horizonte. Ese lugar llamado piélago en el que se confunden los contornos. Como si hubiera mar y el agua cristalizara en la boca. Como si esta fuera la primera mañana y el encantamiento del mundo aún nos sobrecogiera. Varados en la ensoñación somos lemures en vigilia. La noche es una madre solícita que nos abraza y duerme. Pequeños zorros deambulan a nuestra vera sin ánimo de guerra. La calma violenta de las civilizaciones sumergidas llega hasta nosotros. Nunca más seremos apedreados. Tenemos hijos a los que alimentar. Recuento de almas. Migas, pan de oro, y tempura de alacranes.
Cuerpo al vacío. Entramos y salimos. Puertas corredizas. Hacemos cumbre en O Cebreiro. Aire eléctrico de tormenta. Sordo y ciego camino rutas secretas. Renuncio a la era del ruido. Después de muchas vidas me siento bajo un árbol. Busco asilo en la oscuridad. Arranco sierpes. Permanezco en la dicha. Lecturas a la sombra del Apocalipsis. Quanto più cerca di trovare tranquillità tanto più prova travaglio e dolore. Después de Ariosto limpio la celda. Lavo platos. Doblo ropa. Me sublevo. Escribo a pesar del claqué de la muerte. Cuerpo primitivo. Silentium. En suma. Conservo lo mínimo. La hierba es húmeda y terrestre.
Hambrientos y afilados como un rayo turbio de gas lacrimógeno. El cloroformo ayuda a sobrevivir. De aquí al otro mundo un soplo. La columna de refugiados domina la fe inquebrantable del desierto. Los niños mantienen la sonrisa fértil a pesar del flujo de cadáveres. Aquí el Sol profana las tumbas. Rezuma sentencias bíblicas. Se instala entre los pliegues de las vísceras más recónditas. La zona de supervivencia está delimitada a pulso con premura. Un paso al frente y los pies son agujereados por restos punzantes de cal. Rumores de lluvia son tan solo rumores. Exterminio de esperanzas. Las huellas son efímeras pero la sangre perdura incrustada en la memoria.
El cuerpo anota cada sustancia, ada pedazo de metralla ingerida. Nos quedamos en silencio mirando algo similar al horizonte. Ese lugar llamado piélago en el que se confunden los contornos. Como si hubiera mar y el agua cristalizara en la boca. Como si esta fuera la primera mañana y el encantamiento del mundo aún nos sobrecogiera. Varados en la ensoñación somos lemures en vigilia. La noche es una madre solícita que nos abraza y duerme. Pequeños zorros deambulan a nuestra vera sin ánimo de guerra. La calma violenta de las civilizaciones sumergidas llega hasta nosotros. Nunca más seremos apedreados. Tenemos hijos a los que alimentar. Recuento de almas. Migas, pan de oro, y tempura de alacranes.
Cuerpo al vacío. Entramos y salimos. Puertas corredizas. Hacemos cumbre en O Cebreiro. Aire eléctrico de tormenta. Sordo y ciego camino rutas secretas. Renuncio a la era del ruido. Después de muchas vidas me siento bajo un árbol. Busco asilo en la oscuridad. Arranco sierpes. Permanezco en la dicha. Lecturas a la sombra del Apocalipsis. Quanto più cerca di trovare tranquillità tanto più prova travaglio e dolore. Después de Ariosto limpio la celda. Lavo platos. Doblo ropa. Me sublevo. Escribo a pesar del claqué de la muerte. Cuerpo primitivo. Silentium. En suma. Conservo lo mínimo. La hierba es húmeda y terrestre.
ANIMAL QUE CAVA SU PROPIA TUMBA (3) YAN NAZCA - LUZ
Aquelllos desnutridos que nunca saciaron su sed. La pólvora quedó amortiguada por el colapso. La ducha fría y el final del esperanto. Como las sobras para restituir el nido y abrazo la noche sin temor a ser descubierto. Es un paso desnudo el que se escucha. Un pan castigado contra los cristales. Ellas tientan la hervidura del tuétano. Poco a poco va consumiéndose en gozo hasta detestar los mundos hostiles y las carencias. Palpa la luciérnaga. Cómetela sin aviso. Deja que se sea agua. Me aventuro con los párpados cerrados. Vuelvo a pasar hambre y bajo la cabeza ante tus últimos días. Así es como cantan las grullas. Uno va a tientas. El cuerpo de una mujer flota en la noche.
ANIMAL QUE CAVA SU PROPIA TUMBA (4) YAN NAZCA - HAMBRE
Esta vejiga carcomida y los pómulos en relieve fruto de las carencias. Crecerán los suicidios cuando se abra juego en ese descampado a las afueras. Dicen que se venderán almas por muñequeras de la suerte. Espero que las tragaperras no me alejen del trigo y los campos bajo la lluvia. Me refugio en mi cueva de los chasquidos del hambre y mi salud se resquebraja. Es un furgón blindado con grapas. Está ocupado con remiendos de estiércol y pintura desvaída. Puedo abrir las ventanas, tender la ropa y caminar despacio a oscuras. He tapiado la entrada con basura para que las hordas de violadores se alejen de mis hijos.
HAMBRE
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YAN NAZCA
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